terça-feira, 4 de junho de 2019

De negros de Cuba a cubanos negros




Fernando Martínez Heredia
La Tizza

Comunicación leída en el Taller de Resultados 2017 del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, el 13 de marzo de 2017. El autor la revisó y anotó para este Anuario, y le añadió una sucinta bibliografía. En Cultura: debate y reflexión, Caridad Massón Sena (comp.). Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, 2017. pp. 16–23.


Los problemas y la tesis que expondré constituyen solamente un corolario dentro de una investigación acerca de clases y grupos sociales y nación, en relación con la dominación y la rebeldía, en el transcurso de la historia de Cuba. Comencé a trabajar aspectos de ese tema en los años sesenta; desde hace veinticinco años proyecté la investigación y trabajo sistemáticamente en ella, en la medida del tiempo disponible.


He investigado eventos y procesos diversos sucedidos entre la octava década del siglo XVIII y alrededor de 1965, un intervalo histórico ciertamente muy dilatado. Desde una perspectiva que privilegia la interpretación, he trabajado tanto con resultados de investigación existentes y bibliografía atinente a los temas y problemas que investigo, como con fuentes primarias.

Mi objetivo es buscar la comprensión del proceso histórico desde los elementos generales que mencioné al inicio, atendiendo tanto a los conflictos sociales como a los sistemas que han funcionado durante el período. La producción y la publicación de monografías ha sido y sigue siendo para mí, por consiguiente, de resultados que aspiran a tener valor en sí mismos, pero que deben desempeñar funciones en la indagación de comprensiones más generales que sus asuntos. Ruego tener esto en cuenta.

Debo prescindir en este acto de consideraciones acerca de teorías y métodos utilizados, por lo que aclaro que el manejo eficaz de esas dimensiones es para mí indispensable en el trabajo de ciencia social. Ello está implícito en mis exposiciones de resultados, y a veces lo hago explícito.
La frase del título quiere sintetizar un proceso social que se fue integrando a lo largo del siglo XIX, pero con solo algunos avances significativos, mientras que sufrió una transformación brusca en el último quinquenio del siglo y plasmó una nueva identidad, a un grado que implicó un cambio cualitativo para los grupos sociales de Cuba y para las representaciones que se tienen de ellos, cambio que ha permanecido vigente hasta hoy.
Me refiero a la identidad predominante en un grupo social determinado, constituido por individuos no blancos criollos de la isla, que se modificó rápidamente, de sentirse ante todo negros a sentirse ante todo cubanos. Y al hecho de que no se trató de una lenta construcción cultural, aunque ella estaba en la base de su identidad de negro de Cuba, sino de la agudización y el completo dominio de la escena social por parte de un conflicto que podía haber sido secundario para ellos: el de la colonia con su metrópoli. Este sobredeterminó primero al conflicto social básico que afectaba a los negros de Cuba, la nueva esclavitud masiva que rigió en el país desde fines del siglo XVIII al inicio de los años ochenta del XIX. La revolución desatada en 1895 logró sobredeterminar también a la identidad de no blanco en su conjunto, y dentro de ella a la de negro de Cuba.

Como no cabe aquí ofrecer síntesis interpretativas de cuestiones previas, a pesar de que resultan necesarias al abordar este tema, me limitaré a mencionar las que me parecen principales. La nueva esclavitud instaurada por la segunda formación económico-social de nuestra historia creó un grupo social por inmigración forzada de un millón de personas en menos de noventa años, al que he denominado nueva masa de esclavos.[1] Esto deterioró mucho la situación social de todas las personas consideradas no blancas, perjuicio agravado por el descomunal racismo antinegro que fue promovido por los dominantes y se generalizó en la sociedad de la isla. Los esclavos fueron marcados como ‘negros’ para disfrazar aquel crimen colosal; así se escamoteaba el carácter social de la esclavitud y se la presentaba como consecuencia de un orden natural.

Esa inferioridad naturalizada se extendió en un grado muy alto a los negros y mulatos llamados de color libres. Pero en cuanto a estos resultó muy compleja y contradictoria, porque durante la primera formación social colonial –siglos XVI al XVIII– habían sido parte notable en la formación de las comunidades, las relaciones sexuales y familiares, los oficios y la defensa militar del país. Su lugar social y su papel en la hegemonía de la metrópoli se deterioraron, pero todos los ideólogos del “blanqueamiento” de Cuba durante el XIX fracasaron ante aquella realidad y la necesidad que había de los no blancos, en la colonia cuya economía crecía sin cesar y que asumía vertiginosamente la modernidad.

Todavía el conflicto social en que se enmarcó la conspiración de José Antonio Aponte en 1812 –el primer intento de derrocar el dominio colonial– buscaba en la dimensión africana sustento para una parte de su ideología. Pero en el curso del siglo la cultura material e ideal se centró en relaciones, medios, representaciones y nociones del Occidente capitalista, y el dinero, la individualización completa, la moral burguesa y otros aspectos de ese sistema eran determinantes o muy influyentes. Para los libres no blancos, África fue cada vez menos un referente válido; la opresión racial lo hacía no deseable y la vida en la isla era demasiado diferente a las representaciones de aquel continente. Al mismo tiempo, identificarse como negro o mulato sin avergonzarse de serlo era una forma de identidad factible, que contenía elementos de resistencia cultural. El grupo social que he llamado negro de Cuba aparece muy definidamente en gran cantidad de fuentes del siglo XIX, con diferencias en cuanto a situación económica, oficios y regiones, pero con un denominador común.
Está claro que esta sociedad que experimentaba una colosal expansión económica y demográfica estaba muy lejos de asumir una identidad nacional, y que tampoco tendía a unificar las diversas culturas que existían en ella. Cuba pudo haber quedado escindida respecto a sus componentes étnicos y regionales, como ha sucedido con otros países del Caribe y del mundo que fue colonizado.
Ese era el cuadro, referido demasiado en breve, de Cuba hasta 1868. No intento analizar aquí la primera revolución cubana, que sucedió entre 1868 y 1880, solo apunto que transformó en gran medida los datos principales del problema y que creó una semilla subversiva que se enfrentaría con eficacia a ulteriores soluciones de la cuestión colonial mediante arreglos de clases dominantes y potencias extranjeras. Aquella revolución se vio precisada a ser abolicionista para ser independentista, es decir, tuvo que incluir una solución revolucionaria a la principal contradicción social del país para que fuera viable su aspiración nacional. Su final sin victoria abrió paso a una tímida modernización política de la colonia de Cuba que se propuso evitar otra revolución –con un modo de producción plenamente capitalista–, pero también hizo patente el paso del liderazgo subversivo de un sector de la clase propietaria del este y el centro del país a personas procedentes del pueblo, formadas en la guerra revolucionaria.

Hay que hacerles preguntas a los hechos. Por ejemplo, estudié el caso de Yaguajay, el último valle que se abrió a la gran producción azucarera con esclavos, en 1847. En 1868 la mayoría de los vecinos eran recientes: esclavos estrujados en su trabajo y sus vidas, un buen número de pobres venidos de España, culíes chinos y empresarios ambiciosos. Pero en una sociedad tan opresora e incipiente, la insurrección contó con un gran número de soldados y una fuerte base social. ¿Qué los motivó, los decidió y los hizo persistir en las peores circunstancias? ¿Cómo pudo formularse en el campo revolucionario una ideología unificadora de las demandas, los sentimientos e intereses, las identidades y visiones del mundo de grupos tan heterogéneos? ¿Cómo pasaron tantos negros y mulatos esclavos y libres de sus formas propias de vida y resistencia a la participación masiva en una revolución? ¿Cuáles fueron las representaciones que los llevaron a ser revolucionarios? ¿Cómo relacionaron sus representaciones de libertad y vida digna con un ideal político general de independencia nacional?[2]

Porque la consigna de Cuba Libre, el Ejército Libertador, el patriotismo nacionalista y la República en Armas expresaban propósitos e ideas políticas mucho más generales que sus representaciones. Estos rebeldes tuvieron que asumir una noción general de libertad en la que cabría la libertad personal de cada uno, una organización político-militar como el instrumento eficaz, un proyecto de Estado nacional del cual ellos serían ciudadanos y una futura legalidad que consagraría sus reclamos en forma de derechos.
La primera revolución le dejó varios legados muy fuertes a la cultura revolucionaria: a) debe pelearse por no menos que la independencia total y la soberanía nacional; b) Cuba es una nación por encima de sus componentes humanos y sus diferentes regiones, y es singular respecto a todos los demás pueblos del planeta; c) los nacidos en ella solamente se llaman cubanos y están orgullosos de serlo; y d) todos los seres humanos son iguales.
La política colonial hacia la “gente de color” en los años ochenta-noventa dio un gran espacio a permitir, legalizar y tratar de controlar sus expresiones organizadas, las que debían adecuarse a los cánones de la “civilización” y los requerimientos del orden establecido. Era una política obligada después de la Revolución del 68 y sus finales pactados, incluido el de la esclavitud, y ante el lugar que ocuparían los “de color” en un sistema capitalista de trabajo libre generalizado. Esa política favorecía el control estatal mediante una modernización, pero también permitía la asociación de sectores bajos y medios-bajos (al menos urbanos) caracterizados por sus lugares sociales y sus aspiraciones propias, los cuales aprovecharon ese espacio.

Esas no fueron “donaciones”, y lo principal es que no fueron consideradas así por los beneficiarios. Terminó la división entre esclavos y libres, y el mismo cese de la esclavitud fue atribuido por muchos al esfuerzo guerrero de una multitud de patriotas que incluía a negros y mulatos. Los héroes sobrevivientes eran un estímulo y un símbolo. Veteranos no blancos gozaban de gran prestigio, y Antonio Maceo trascendía a las razas como héroe epónimo del patriotismo y como líder político. La epopeya había comenzado a tender un puente entre blancos y no blancos del país, y era la vía idónea hacia una Cuba libre, un objetivo que sólo podría conquistarse mediante un nacionalismo popular. La política colonial era, en realidad, de riposta y antisubversiva. El descontento ante su insuficiencia revela el fuerte desarrollo de una cultura de lucha social y política, tanto como el rápido auge que tuvo el asociacionismo.

¿Cómo se ligó aquel primer nacionalismo a las luchas por derechos civiles de los años ochenta-noventa? ¿Cómo estas llegaron a reconocer la independencia como el ideal general en que cabrían las demandas particulares? ¿Qué peso tuvo la aceptación de esa fórmula por la gente humilde no organizada –que era la mayoría–, para la cual el patriotismo sería entonces la formulación factible de un ideal cívico que acompañara a una elevación individual? Propongo la hipótesis de que las fuertes luchas por derechos civiles de la “gente de color” constituyen uno de los prólogos de la Revolución del 95. Identidades, intereses y luchas de raza y clase se relacionaron profundamente con el nacionalismo: sólo así pueden entenderse esfuerzos, capacidades, voluntades y sacrificios tan gigantescos y masivos como los desplegados entre 1895–1898 y hasta 1902.

Si esto es así, el nacionalismo popular deja de ser un “milagro patriótico” y es posible analizar su alcance, su riqueza, sus tensiones y sus contradicciones. Puede entenderse que existió una política de los humildes, y no sólo una política de los próceres; que aquella fue un motor de la participación masiva en un movimiento que estaba obligado a ser una revolución; y que eso permitió que se sostuvieran los ideales comunes hasta las últimas consecuencias. Esto nos permitiría también hacer más comprensible la verdadera procedencia y la grandeza de José Martí y su proyecto.

La conspiración que preparó la Revolución del 95 fue multirracial, un hecho poco estudiado. Activistas, contactos y jefes eran de todos los colores; entre ellos el Directorio Central de Sociedades de Color, volcado a la actividad subversiva. Lo mismo sucedió en los alzamientos, a partir del 24 de febrero.

Los negros y mulatos se fueron en masa a la guerra; se ha estimado que no fueron menos del 60% de los combatientes. Para ellos, la Revolución del 95 fue el acontecimiento principal que cambió sus vidas: entraron a ella como negros cubanos y en ella conquistaron con sus méritos una identidad nacional que nadie les donó, y de la que fueron tan creadores como los revolucionarios blancos. La insurrección los reconoció como jamás lo hubiera hecho la vida social vigente, y su actividad política fue un enorme salto respecto a sus escasas experiencias cívicas previas y al alcance que habían tenido sus demandas.

Su comportamiento fue extraordinario. Rivalizaron en disciplina, valentía, sacrificios y renuncia a hacer exigencias sectoriales. En pos del ideal general de la independencia de Cuba se sometieron a la rígida disciplina mambisa y compartieron los esfuerzos sobrehumanos y las penalidades de la más terrible guerra total, que provocó la muerte a cientos de miles de personas y la devastación del país. Pronto se distinguieron, junto a los veteranos, jóvenes oficiales y jefes negros y mulatos en el Ejército Libertador, el primero que realmente fue plurirracial a nivel de los mandos en este continente. Después de la guerra y durante varias décadas existió una figura cívica de enorme prestigio en Cuba: el veterano. Por primera vez en nuestra historia reunía, por el mérito conquistado y el reconocimiento social, a blancos, mulatos y negros, e incluía a personas muy pobres.

Entre otros hechos trascendentales, la Revolución del 95 transformó al negro de Cuba en un cubano que es, también, negro. Ese orden identitario nunca ha cambiado. Por eso considero erróneo calificar de afrocubana o de afrodescendiente a la parte de la población de Cuba que tiene antepasados africanos. Además del obvio costado de minusvalía que contiene esa noción en el caso cubano: nunca se le ha llamado eurodescendiente a ningún grupo social en este país.

En las dos décadas previas se había sostenido en Cuba la inferioridad del negro, en parte por la continuidad del tremendo racismo promovido por el apogeo de la esclavitud durante el siglo XIX –sedimentado como uno de los elementos constitutivos del inicio de una cultura propiamente cubana–, y en parte por la reciente aceptación en Occidente de la supuesta fundamentación que aportaban el evolucionismo y la ideología de la ciencia a la creencia general en la supremacía de la llamada raza blanca dentro de la especie humana. En la isla, una pregunta relevante entre los científicos de mente colonizada era si los negros eran inferiores por causas sociales o por causas biológicas, y se afirmaba que los negros tenían una propensión particular a ser criminales.

Como pensaba Martí, fue la violencia revolucionaria organizada la que constituyó una gigantesca escuela de creación de valores, capacidades y ciudadanía para los participantes, los colaboradores y las familias de patriotas. El desarrollo que alcanzaron en la contienda los que comenzaban a ser cubanos resultó muy superior a lo que hubiera logrado una larga evolución, y muy diferente. Las prácticas, los sentimientos y las ideas de la guerra revolucionaria hicieron retroceder el racismo en una enorme proporción y por medios muy superiores a los evolutivos. La revolución fue una explosión que negó súbitamente el mundo ideal previo y dejó maltrecho el edificio del racismo. A partir de ella se vivió una nueva etapa de la construcción social de las razas y el racismo en Cuba, que rigió durante más de tres décadas.[3]

El racismo no había desaparecido en el curso de la Revolución. Continuó existiendo dentro de su campo, y se expresó como menosprecio, doble rasero y manifiestas injusticias; cierto número de insurrectos fue culpable, otros lo toleraron. Sin dudas se debió al carácter cultural del racismo establecido en Cuba, pero también tuvo relación con el conservadurismo social y político que existió dentro del campo heterogéneo de la insurrección, y que logró contrapesar al ala radical durante el curso de la guerra. En todo caso, tuvo que ser un racismo vergonzante, en una República en Armas que prohibía toda referencia a las personas que no fuera la de ‘ciudadano’. Toda revolución implica permanencias, y no sólo cambios.

Pero sucedieron dos transformaciones muy trascendentes que han permanecido hasta la actualidad: a) la doble autosubestimación que engendran el colonialismo y el racismo en las personas que no son consideradas blancas fue quebrantada por las prácticas y por las nuevas visiones del mundo promovidas por la revolución. Los negros y mulatos asumieron un orgullo proveniente de su participación en la guerra y en la creación de la nación y la república; y b) los fundamentos institucionales, el sistema, las organizaciones y las ideas políticas republicanos, ciertas organizaciones sociales y las representaciones de la nación fueron definidamente integracionistas.

La emancipación de la esclavitud solo se había completado en 1886, bajo el régimen colonial, pero solo dieciséis años después el nuevo Estado asumió formalmente los logros del período revolucionario. El arsenal simbólico nacional asociaba la gesta mambisa y la república cubana con la igualdad racial, y existía un espacio práctico donde bregar por el reconocimiento efectivo de los derechos y por obtener ascenso social.

Ambas transformaciones fueron posibles mediante un movimiento político de liberación nacional, no de lucha racial, y fueron hijas de la subversión mediante la práctica revolucionaria, esa palanca eficaz para romper las prisiones de la estructura económica, social e ideológica de la dominación, como afirmara Federico Engels. Por sus acontecimientos y sus realidades cotidianas, y por el protagonismo guerrero de una gran masa de participantes en su mayoría iletrados, la Revolución del 95 fue el apogeo de la acción. El pueblo naciente fue el que perfiló sus símbolos, su imagen y la formulación primera de su gesta. El combatiente y el veterano fueron los nuevos personajes ejemplares de la sociedad, muy lejos de los próceres de la primera mitad del siglo XIX, y tuvieron un peso que equilibraba el que alcanzaron los doctores de la segunda mitad de la centuria. El ejercicio de la ciudadanía como un derecho de iguales nació en la guerra, no en el padrón electoral autonomista, ni en el del interventor extranjero. La democracia cubana fue una conquista de la guerra revolucionaria, no una reforma de políticos sagaces alimentada por intelectuales de gabinete; sus prácticas de 1899 en adelante no fueron de ningún modo un regalo, sino una victoria popular y una obligación contraída por las clases dominantes.

Sin perder su especificidad, la comprensión de la cuestión racial en Cuba ha necesitado desde entonces tener en cuenta otras dimensiones sociales en las cuales está inscrita. La revolución impactó a blancos, negros y mulatos de sectores humildes, al menos en cuatro direcciones: 1) aumento de las capacidades personales y estímulos para buscar ascenso social; 2) cambios muy positivos en la autoestima, un valor antirracista y anticolonial de la mayor importancia; 3) cambios en las actitudes respecto a la naturaleza y la omnipotencia del orden vigente, y en las ideas acerca de los sistemas políticos y sociales; y 4) capacidad de autoidentificación, tanto como ciudadano como de pertenencia a grupos sociales, incluida la identificación del otro y de enemigos potenciales.

Los esfuerzos y sacrificios tremendos requeridos por las acciones populares colectivas emprendidas y mantenidas durante los tres años y medio que duró la guerra fueron la base fáctica de la memoria que se conservó de esa Revolución, y el hecho de que ella consiguió la victoria político militar frente a España y el triunfo ideológico de materializar el ideal nacionalista de fundar una nación reforzó la tendencia a la permanencia de esa memoria. Pero pienso que, además de aquellos triunfos, lo decisivo fue haberse ligado la insurrección a ansias inmensas de libertad y justicia de sectores mayoritarios, a representaciones colectivas muy trascendentes y a un proyecto compartido que fue identificado como el destino nacional.
Tanto raza como nación son nociones muy resistentes al tiempo, que suelen referir su explicación y su legitimidad al pasado, ya sea de eventos y procesos de la sociedad que han sido registrados –es decir, considerados históricos–, o de sucesos y acumulaciones designados como culturales. No parecen registrar cambios, aparentan permanencia. Esos rasgos suyos deben ser muy tenidos en cuenta por quienes comprendemos a ambas como construcciones sociales determinadas por unas relaciones sociales y un momento histórico precisos. También es necesario no olvidar que ambas nociones se viven como ideologías, característica que debe encontrar su lugar en el conocimiento al que aspiran las investigaciones de casos, los conceptos y las elaboraciones teóricas.
Notas:

[1] Fernando Martínez Heredia. Problemas de interpretación de la historia de Cuba. Curso de Posgrado, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, 1998.

[2] Ver La Revolución del 95 en Yaguajay: participación, impacto, memoria, Fernando Martínez Heredia, Historias cubanas, Sancti Spíritus, Ediciones Luminaria, 2011, pp. 53–68.

[3] Fernando Martínez Heredia. Nacionalismo, razas y clases en la Revolución del 95 y la primera república cubana. En Andando en la historia, La Habana, ICIC Juan Marinello / Ruth Casa Editorial. pp. 82–125.

Algunas referencias bibliográficas:

Barcia, María del Carmen. La otra familia. Parientes, redes y descendencia de los esclavos en Cuba. La Habana, Casa de las Américas, 2003.

Batrell Oviedo, Ricardo. Para la historia: apuntes autobiográfícos. La Habana, Instituto de Historia de Cuba, 2015.

Ferrer, Ada. Cuba insurgenteRaza, nación y revolución, 1868–1898. La Habana, Editorial Ciencias Sociales, 2011.

Herrera, José Isabel (Mangoché). Impresiones de la Guerra de Independencia. (sin ed.). La Habana, 1948.

Ibarra Cuesta, Jorge. Ideología mambisa. La Habana, Instituto Cubano del Libro, 1972.

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Índice Alfabético y Defunciones del Ejército Libertador de Cuba. Datos compilados por Carlos Roloff M. y Gerardo Forrest. La Habana, Imprenta de Rambla y Bouza, 1901.

Maceo Grajales, Antonio. Ideología política. Cartas y otros documentos. La Habana, Editorial Ciencias Sociales, 1998, 2 vols.

Martínez Heredia, Fernando. La cuestión racial en Cuba y este número de Caminos. En Raza y racismo. Antología. La Habana, Editorial Caminos, 2009.

_______________________. Los más humildes también crearon la nación. Conferencia, XI Fórum Teórico Fernando Ortiz, Grupo de Investigación y Desarrollo de la Dirección Provincial de Cultura, XII Fiesta de los Orígenes. Matanzas, 14 de julio de 2016.

Pérez Guzmán, Francisco. Radiografía del Ejército Libertador, 1895–1898. La Habana, Editorial Ciencias Sociales, 2005.

Portuondo Zúñiga, Olga. Por la identidad del negro cubano. Santiago de Cuba, Ediciones Caserón, UNEAC, 2011.

Scott, Rebecca J. La emancipación de los esclavos en Cuba: la transición al trabajo libre, 1860–1899. La Habana, Editorial Caminos, 2001.

_____________. Grados de libertad. Cuba y Luisiana después de la esclavitud. La Habana, Editorial Ciencias Sociales, 2006.

de la Torre Molina, Mildred. Conflictos y cultura política. Cuba 1878–1898. La Habana, Editora Política, 2006.

Varios autores. Ciudadanos en la nación. Olga Portuondo Zúñiga y Michael Zeuske Ludwig (coordinadores). Fritz Thyssen Stiftung / Oficina del Conservador de la Ciudad, Santiago de Cuba, 2002.

Varios autores. Historia y memoria: sociedad, cultura y vida cotidiana en Cuba 1878 -1917. La Habana, CIDCC Juan Marinello / Universidad de Michigan, 2003.


domingo, 2 de junho de 2019

Livros de Paulo Freire para Baixar em PDF – Livros de Pedagogia


Livros de Paulo Freire para Baixar

1. A Importância do Ato de Ler

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2. A Propósito de uma Administração

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3. Ação Cultural para a Liberdade

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4. Cartas à Guiné-Bissau

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5. Educação como Prática da Liberdade

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6. Educadores de Rua, uma Abordagem Crítica – Alternativas de Atendimento aos Meninos de Rua

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7. Extensão ou Comunicação

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8. Medo e Ousadia

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9. Pedagogia da Autonomia

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10. Pedagogia da Esperança

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11. Pedagogia da Indignação

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12. Pedagogia: Diálogo e Conflito

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13. Pedagogia do Oprimido

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14. Política e Educação

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15. Por uma Pedagogia da Pergunta

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16. Professora Sim, Tia Não

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17. Paulo Freire para Educadores – Vera Barreto

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terça-feira, 28 de maio de 2019

“El fascismo en América Latina”

Artigo de Shaffik Handal



Ao buscar explicação para os regimes autoritários que se estabeleceram na América Latina durante os anos 1960-1970, o dirigente comunista de El Salvador, Schafik Handal, deu valiosa contribuição ao lembrar que "o fascismo acima de tudo é uma contrarrevolução".

Shafik Handal destacava o papel modernizador do fascismo na América Latina, em comparação com a função dos "regimes tradicionais", "conservadora, visando favorecer as oligarquias latifundiárias e burguesas", acrescentando:

a função do fascismo é salvar o capitalismo dependente frente à revolução e modernizá-lo, favorecendo os consórcios transnacionais e os burgueses locais seus associados, salvar e consolidar a hegemonia política e militar do imperialismo ianque, ameaçada de colapso em nossa região.

Shafik Handal, “El fascismo en América Latina”, em América Latina (Moscou, Progreso, 1976), n. 4, p. 121-46
















Ver o artigo "BRASIL: EXISTE AMEAÇA FASCISTA?", da historiadora Anita Leocadia Prestes.

domingo, 26 de maio de 2019

Dois marxismos?

Por Greg Godels

O Google sabe que tenho um interesse permanente no marxismo. Consequentemente, recebo links frequentes para artigos que os algoritmos do Google seleccionam como populares ou influentes. Sistematicamente, no topo da lista, estão artigos de ou sobre o irreprimível Slavoj Žižek. Žižek dominou os truques de um intelectual público – divertido, pomposo, escandaloso, calculadamente obscuro e amaneirado. A pose desalinhada e a barba desgrenhada somam-se a uma quase caricatura do professor europeu, a presentear o mundo com grandes ideias profundamente embebidas em camadas de obscurantismo – uma maneira infalível de parecer profundo. E uma maneira infalível de promover o valor comercial do entretenimento. 

Seguidores próximos do "mestre" até postam vídeos de Žižek a devorar hot dogs – um em cada mão ! Ele está actualmente a ganhar dinheiro com um debate público com um congénere de direita que é um saco vazio, o qual supostamente torna obscenos os preços dos ingressos. O marxismo como empreendedorismo. 

Žižek é uma das mais recentes repetições de uma longa linhagem de académicos em grande parte europeus que constroem uma modesta celebridade pública a partir de uma identificação com o marxismo ou a tradição marxista. De Sartre e o existencialismo até o estruturalismo, pós-modernismo, pós-essencialismo, pós-fordismo e política identitária, académicos apropriaram-se de partes da tradição marxista e afirmaram repensar aquela tradição, enquanto mantinham uma distância segura e bem medida em relação a qualquer movimento marxista. Eles são marxistas quando isso lhes traz uma audiência, mas raramente respondem ao chamado à acção. 

O curioso sobre este marxismo intelectual, de salão de conversa, o marxismo diletante, é que nunca é completo; é marxismo com reservas sérias. O marxismo é bom se for o do Marx "primitivo", do Marx "humanista", do Marx "hegeliano", do Marx dos Grundrisse, do Marx sem Engels, do Marx sem a classe trabalhadora, do Marx antes do bolchevismo, ou antes do comunismo. Compreensivelmente, se quiser ser o próximo grande domador de Marx, deve separar-se da manada, deve repensar o marxismo, redescobrir o Marx "real", mostrar onde Marx errou. 

Gerações anteriores de estudantes universitários bem-intencionados, mas com confusão de classe, foram seduzidas por pensadores "radicais" que oferecem um gostinho de rebeldia num pacote académico sexy. Estudantes carregam montes de livros não lidos, mas livros de autores na moda como Marcuse, Althusser, Lacan, Deleuze, Laclau, Mouffe, Foucault, Derrida, Negri e Hardt – autores que compartilhavam características comuns com livros de títulos exóticos e provocativos e prosa impenetrável. Livros que prometiam muito, mas entregavam trevas. 

Com uma nova geração de jovens de mentalidade radical em busca de alternativas ao capitalismo e curiosos acerca do socialismo, é inevitável que muitos estejam a olhar para Marx. E para onde se voltam? 

Um professor de Yale desavergonhadamente apresenta na badalada Jacobin Magazine uma cartilha para iniciantes intitulada Como ser um marxista . O professor Samuel Moyn actualmente exerce na cadeira Henry R. Luce [1] de jurisprudência. Aparentemente, Moyn não se sente desconfortável em possuir uma cadeira dotada por um dos mais notórios editores anti-comunistas e anti-marxistas do país quando apresenta o seu guia para o marxismo. 

A pretensão de Moyn de guiar os que não têm conhecimento do marxismo não se justifica nem se explica. No entanto, ele sente-se confiante para recomendar dois académicos recentemente falecidos, Moishe Postone e Erik Olin Wright (juntamente com o ainda vivo Perry Anderson), como representando os últimos da "…geração de grandes intelectuais cujas experiências da década de 1960 levaram-nos a dedicar a vida inteira a recuperar e re-imaginar o marxismo". 

Confesso que a sua escolha de Moishe Postone deixou-me desconcertado. Deveria eu ficar embaraçado por dizer que nunca conheci o trabalho do professor Postone ou que não o conheci como marxista? Quando encontrei no YouTube uma entrevista com o estimado Professor Postone, descobri rapidamente que ele enfaticamente e sem reservas nega ser marxista. Além disso, Postone pretende que a maior parte do que chamamos de marxismo foi escrita por Frederick Engels. Postone admite que Engels era "realmente um bom rapaz", mas que Engels nunca entendeu Marx adequadamente. Postone, por outro lado, sim. E o seu Marx não "glorifica" a classe trabalhadora industrial. 

Estou no entanto familiarizado com o outro alegado exemplar de uma devoção de "grande intelectual" ao marxismo, Erik Olin Wright. Wright foi um membro consagrado e proeminente da chamada escola do "Marxismo Analítico". Wright, como os demais membros desse movimento intelectual, tentou colocar o marxismo numa base "legítima", onde a legitimidade era obtida submetendo o marxismo aos rigores da ciência social anglo-americana convencional. O conceito de que a ciência social anglo-americana é sem viézes ou que nada tem a aprender com o método de Marx jamais é questionado com essa gente. Mas, para crédito de Wright, ele lutou com unhas e dentes para apreender o conceito de classe social. 

A fim de "salvar a esquerda de se meter em vários becos sem saída", o professor Moyn oferece o último livro de seu "colega brilhante", Martin Hägglund. Moyn assegura-nos que "This Life: Secular Faith and Spiritual Freedom" ("Esta vida: Fé laica e libertação espiritual") é excelente para começar por aqueles que querem estimular a teoria do socialismo, ou mesmo construir a sua própria teoria de uma variante marxista dela". 

Basta apenas um breve momento para verificar que Martin Hägglund e seu admirável colega estão a levar-nos a outros becos sem saída, alguns pisados por muitas gerações anteriores. A jornada de Hägglund revisitaria o existencialismo, Hegel e as tradições cristãs em busca do evasivo "sentido da vida". Embora muitos de nós pensassem que Marx oferecia uma análise profundamente informada da mudança social e da justiça social, Moyn / Hägglund, seguindo Postone, avançam com "as perguntas finais que todos devem fazer: que trabalho deveria eu fazer? Como deveria gastar meu tempo finito?" Acumular capital contrapõe-se, sugerem eles, a "maximizar... o tempo livre individual a despendê-lo como lhe agradar..." 

Assim, a luta pela emancipação, neste repensar do marxismo, não é a emancipação da classe trabalhadora, mas o arrebatar de tempo livremente descartável das garras do trabalho. Os professores admitem que esta luta é muito mais fácil para académicos do que para os "miseráveis da terra". 

"E finalmente", conclui Moyn, "há a proposta de Hägglund de que os marxistas podem abandonar o comunismo – que, em qualquer caso, Marx descreveu vagamente – em favor da democracia. Não está totalmente claro o que Hägglund quer dizer com democracia, algo que nem o próprio Marx nem muitos marxistas optaram por investigar teoricamente. Assim, Hägglund destila "marxismo" numa rejeição do comunismo e num abraço de uma vaga "democracia". Eu teria de concordar com Moyn quando ele diz: "Na verdade, é notável quão poucas pessoas pensaram que a teoria marxista tornara-se a tentativa de Hägglund de recomeçá-la no nosso tempo". Aparentemente, o segredo agora revelado de se tornar um marxista é descartar Marx 

Tal como muitos auto-proclamados "marxistas", que antecederam Postone, Hägglund e Moyn, a intenção dos mesmos parece ser mais a de defraudar o marxismo do que a de promovê-lo. 

Ideias perigosas 

A verdade nua e crua é que o marxismo – desde a época da censura de Marx e das suas múltiplas expulsões de diferentes países – é uma ideia perigosa. A incapacidade de Marx de assegurar nomeações académicas e a sua constante vigilância e perseguição por parte das autoridades provou ser um precursor do destino de quase todos os intelectuais marxistas autênticos. O capitalismo não dá àqueles que defendem a destruição do capitalismo honra académica ou celebridade. E aqueles "marxistas" que se tornam aclamados por académicos, que obtêm lucrativos negócios de livros, que desfrutam de exposição nos media, raramente representam grande ameaça ao sistema. 

É um facto revelador que, embora a história tenha produzido muitos marxistas "orgânicos", marxistas com raízes na classe trabalhadora e em movimentos que desafiam o capitalismo, suas contribuições raramente povoam as bibliografias de professores universitários, a menos que sejam para ridicularizá-las. O emprego universitário raramente está disponível para fornecedores de ideias perigosas ou para a defesa de uma versão de Marx que apele a mudanças revolucionárias. 

Um historiador marxista como o falecido Herbert Aptheker – que fez mais do que qualquer outro intelectual para desafiar a representação distorcida, em Nascimento de uma nação / E tudo o vento levou, de um Sul benévolo e da sua heróica defesa de um nobre estilo de vida – não conseguiu encontrar trabalho em universidades dos EUA. Na verdade, até foi preciso um movimento pela liberdade de expressão para que lhe fosse permite falar nos campi dos EUA. Seus livros desapareceram da circulação e poucos estudantes de história afro-americana têm acesso às suas contribuições. 

Ninguém elaborou uma história do movimento trabalhista americano que rivalizasse com a do falecido marxista Phillip Foner , os 10 volumes de History of the Labor Movement. Os cinco volume de The Life and Writings of Frederick Douglass , também de Foner, restabeleceram Douglasse como uma figura proeminente na abolição da escravatura nos EUA. Uma universidade historicamente negra, a Lincoln University, corajosamente contratou Foner após anos de listas negras. Infelizmente, hoje, suas obras são amplamente ignoradas nos campos em que foi pioneiro. 

As sérias contribuições de muitos outros intelectuais marxistas dos EUA podem ser encontradas em edições antigas de publicações como Science and Society , Political Affairs, Masses, Masses and Mainstream e Freedomways a descansarem em prateleiras recônditas e poeirentas, diminuídas pelo macarthismo, pelas listas negras, pela covardia académica e pelo anticomunismo grosseiro. 

As portas e o discurso público da academia e dos mass media foram igualmente fechados aos marxistas da classe trabalhadora (a menos que renunciem a seus pontos de vista!). Apesar de sua liderança dos movimentos da classe trabalhadora e de escrever prolificamente, os trabalhos marxistas de William Z. Foster sobre organização, estratégia e tácticas trabalhistas e economia política estão em grande medida esquecidos, a menos que reapareçam como o pensamento de outra pessoa. A outras importantes figuras marxistas responsáveis por alguns dos melhores momentos da força de trabalho e pela sua interpretação, como Len De Caux e Wyndham Mortimer, é-lhes negada a entrada no clube. 

Analogamente, pioneiros marxistas nos movimentos de igualdade dos negros e das mulheres, como Benjamin Davis, William Patterson e Claudia Jones, não são nem louvados como tais nem são apresentados como exemplos de "Como ser um marxista". 

A obra do economista político marxista Victor Perlo na identificação dos mais altos limites do capital financeiro e da teoria económica do racismo estão curiosamente ausentes de qualquer conversação académica relevante. 

O que todos esses marxistas compartilham é uma vida política activista no Partido Comunista dos EUA, um distintivo orgulhoso, mas denegrido pela maior parte dos intelectuais americanos. 

Os melhores escritos da venerável Monthly Review sofrem a mesma marginalização. Seus fundadores foram ameaçados o suficiente para serem vitimizados pelo Red scare . E o seu co-fundador Paul Sweezy, um sério economista político marxista, nunca foi entusiasticamente recebido nos círculos académicos. 

Hoje, Michael Parenti é o mais perigoso intelectual marxista nos EUA. Sei disto porque apesar de incontáveis livros, vídeos e palestras, apesar de um compromisso intransigente com uma interpretação marxista da história e dos acontecimentos actuais, apesar de um profundo, mas fundamentado ódio ao capitalismo, e apesar de um estilo admiravelmente acessível e com grandes ideias, ele não tem emprego em universidades e é-lhe negado acesso a todos os media, excepto os mais à esquerda ou marginais. 

Outro impressionante estudioso marxista dos EUA, Gerald Horne , embora desfrutando de estabilidade académica, merece ser estudado por todos os "esquerdistas" nos EUA pela integridade, acessibilidade e qualidade do seu trabalho. 

O marxismo autêntico, em oposição ao marxismo da moda, do modismo, ou do marxismo caprichoso, é implacável, agressivo e inspirador de acção. Ele disseca diligentemente o funcionamento interno do sistema capitalista. É implacável e impiedoso na sua rejeição ao capitalismo. Ele desafia o pensamento convencional, fazendo poucos amigos na imprensa capitalista e abalando a gentileza e a colegialidade do liberalismo tranquilo da academia. O marxismo não é um avanço de carreira, mas um compromisso ingrato. 

Os marxistas reais são necessariamente anómalos (outliers). Até as condições para mudanças revolucionárias amadurecerem, eles são frequentemente sujeitos a cepticismo, desinteresse, até escárnio e hostilidade. Os que posam como marxistas são alérgicos a organizações políticas, activismo e risco intelectual, ao passo que marxistas comprometidos são obrigados a buscar e unir movimentos pela mudança. Eles são levados a servir a muito citada tese de Marx e raramente atendida na décima primeira tese sobre Feurbach: "Os filósofos só interpretaram o mundo de várias maneiras; a questão no entanto é mudá-lo". 

30/Abril/2019

[1] Magnata da imprensa, en.wikipedia.org/wiki/Henry_Luce 

O original encontra-se em https://mltoday.com/two-marxisms/ 

segunda-feira, 13 de maio de 2019

Autoritarismo e Fascismo no Brasil Contemporâneo

Conferência da historiadora Anita Prestes na Universidade Federal de Uberlândia (UFU)

Quinta-feira, 23 de maio de 2019, às 19:00 .
AUDITÓRIO 5R A/B Campus Santa Mônica UFU

Mais informações na página do evento: 


quarta-feira, 8 de maio de 2019

Bolsonaro e a destruição deliberada das universidades públicas

Por Paulo Moreira Leite


Mais recente protagonista do circo de horrores em exibição em tantos países neste momento, o correto entendimento dos horizontes políticos de  Jair Bolsonaro é um aspecto crucial da luta política de 2019.

Desde 1 de janeiro, a democracia e o bem-estar dos brasileiros encontram, no Planalto, um adversário que está longe de ser banal. A prova mais recente ficou clara no debate em torno das universidades públicas, que levou alunos e professores a organizar a paralisação nacional marcada para 15 de maio.   

Num editorial (4/5/2019), o Estado de S. Paulo observa que Bolsonaro "mostra desconhecimento, despreza estatísticas e comete erros factuais" em seus tuítes sobre ensino superior no país. Tentando justificar um corte drástico de 30% ele escreveu que "poucas universidades públicas têm pesquisas e, dessas poucas, grande parte está na iniciativa privada."

O jornal lembra que, entre as 50 universidades brasileiras mais ativas no plano científico, 36 são universidades públicas federais, 7 são universidades públicas estaduais, 5 são institutos de pesquisa ligados ao governo federal, uma é um instituto federal de ensino técnico. Apenas uma entre as 50 é privada.

Sonho de consumo dos vira latas da equipe econômica, a OCDE informa que os gastos do Brasil com ensino superior já são ridiculamente  baixos, o que mostra a estupidez de cortar recursos de nossas instituições mais produtivas.  Entre 39 países, o Brasil encontra-se no último lugar, com gastos de US$ 3720 por ano por aluno, atrás de Portugal, India, Colombia e Costa Rica -- sem falar nos primeiros da lista, Luxemburgo, Estados Unidos e Reino Unido (Blog de Jamil Chade, 4/5/2019).

Embora esses fatos tragam argumentos que, num debate racional, deveriam reduzir o programa de Bolsonaro a pó, é ingenuidade aguardar uma mudança de atitude do governo em função disso. A discussão aqui é outra.

Do ponto de vista do "bolsonarismo", a  destruição das universidades públicas não constitui um acidente de percurso, nem um erro a ser corrigido. Tampouco é uma contingência desagradável imposta por uma conjuntura difícil. Num governo que faz do anti-intelectualismo uma prioridade permanente, é  um fim desejado, buscado e justificado por qualquer meio, inclusive a violência e a mentira.

Do ponto de vista do governo, as universidades públicas não passam de aparelhos ideológicos destinados a produzir o "marxismo cultural" e alimentar o "politicamente correto" que constituem o inimigo que precisa ser vencido de qualquer maneira, em nome da prometida reconstrução do país. São centros de doutrinação e formação de quadros. 

Nesta visão, em vez de desempenhar um papel inegável no progresso do país, alunos e professores insistem em levar adiante uma atuação nociva na conjuntura brasileira, em linha de continuidade com a postura de crítica e resistência à ditadura de 64 -- passado que Bolsonaro e seus aliados protegem e  reverenciam em todas as oportunidades, sem esquecer aspectos sórdidos e mais repulsivos.   

O básico é compreender que o confronto aqui não se dá no plano das ideias e argumentos que, com base no conhecimento científico e na razão, constituem o saber acumulado e pactuado de uma sociedade ao longo de uma história plural, com avanços, recuos, guinadas e possíveis alterações de rota.

O artigo "Bolsonaro e os Quartéis: a loucura com método", do professor da UFRJ Eduardo Costa Pinto, debatido numa entrevista a TV 247 disponível no Youtube, mostra qual é o debate real.

A raiz ideológica do governo Bolsonaro é parte de uma doutrina militar herdada da Guerra Fria, a "teoria da guerra revolucionária". Traduzida e supostamente atualizada pelos ideólogos do ultra-conservadorismo norte-americano que patrocinam o ambiente reacionário de nossos dias, essa visão alimenta-se de dogmas que podem nos parecer -- e são -- absurdos, sem conexão  com realidade brasileira e mundial. 

Nas fantasias ideológicas do bolsonarismo, porém, envolvem noções arraigadas e essenciais, a começar pela  visão grotesca de que a grande ameaça enfrentada pela humanidade de nossos dias não mudou grande coisa  depois do colapso da URSS e da conversão da China à economia de mercado.

Como acontece desde sempre, o perigo se encontra na atividade perversa do velho Movimento Comunista Internacional e seus aliados. Em circunstâncias diversas, impostas pelo colapso da União Soviética, hoje travam uma guerra cultural contra os valores legítimos e autênticos da civilização -- e por essa via alcançaram o poder em áreas inteiras do planeta. 

Instalada no núcleo que comanda o governo, essa visão tem lá suas nuances mas a força é de caráter absoluto.  Não permite o debate que procura consensos e convivências mutuamente enriquecedoras entre contrários -- mas exige a eliminação do outro, aqui tratado como inimigo a ser derrotado e eliminado. (A "teoria da guerra revolucionária" era usada para justificar a prática de tortura do Exército francês na guerra Argélia, que depois seria divulgada e ensinada em vários países sul-americanos, inclusive no Brasil do regime militar).

Eduardo Costa Pinto mostra que, embora Olavo de Carvalho seja uma voz barulhenta e influente, o essencial se encontra nas elaborações do general Avellar Coutinho, um dos últimos formulares da extrema direita militar brasileira, referência real do Alto Comando que assistiu e contribuiu para a derrocada de Dilma, a prisão de Lula e a sustentação de Bolsonaro, na eleição e na formação de seu governo.

Cronologicamente, Avellar Coutinho não pode ser descrito como um homem das cavernas. Seus trabalhos mais conhecidos vieram à luz em 2002 e 2003,  uma década e meia após o naufrágio da ditadura militar. Pretendem responder a um país que, após oito anos de governo de Fernando Henrique Cardoso, iria enfrentar 14 anos de governos Lula e Dilma, demonstração única de democracia e alternância de poder na história política brasileira -- numa transição marcada, sabemos todos, pelos partidos que maior presença  possuíam nas universidades públicas do país de então.   

A lógica do combate à "guerra revolucionária" é um traço essencial do governo Bolsolnaro e ajuda a entender a reação do ministro Abraham Weintraub diante da reação inconformada das universidades atingidas pelos cortes -- eram três, inicialmente. Em vez de  abrir o debate o governo aumentou a aposta. Anunciou um corte de igual teor no conjunto das universidades federais, deixando claro que não queria perder a oportunidade de avançar ainda mais num ataque cujo efeito previsível  será paralisar essas instituições no país inteiro. 

O deslocamento e por fim destruição das universidades públicas também é a prioridade das forças que sustentam Paulo Guedes e por essa via tentam conectar o apoio à Bolsonaro aos interesses de mercado.

Há mais de meio século elas estão de  olho nos centros de excelência do ensino público, principal barreira a sua penetração num país que abriga uma das dez maiores economias do planeta. Grandes multinacionais de educação privada já escancararam o mercado brasileiro em anos recentes. Mesmo atingido parcialmente pela lógica privatizante,  o centro nervoso de nosso ensino superior não foi comprometido.

Essa é a fronteira que, no plano cultural e econômico, pretende-se atravessar agora, gerando pelo menos um resultado previsível. Se a investida não for paralisada no curto prazo, em breve a falta deliberada de recursos elevará a pressão para requentar o velho projeto de cobrança de mensalidade nas universidades públicas -- cujo resultado, sabemos todos, é  recriar o velho elitismo de tempos anteriores aos programas que abriram vagas a estudantes de baixa renda familiar.   

O processo de hoje só tem equivalente, no país, aos ataques de envergadura às universidades públicas ensaiados logo após o golpe de 64, os chamados acordos MEC-USAID, repelidos pela vigorosa mobilização da juventude estudantil entre 1966-1968.   

Força destrutiva, versão popularizada e vulgar de dogmas políticos, o preconceito é uma vergonha e um insulto na vida cotidiana.   

Na luta política, é um instrumento de poder. Empobrece e condiciona o debate. Também conduz a tragédias previsíveis quando chega ao comando do Estado, pois dogmas e preconceitos só podem sobreviver enquanto forem alimentados e reafirmados por medidas concretas -- agora com os recursos de governo, que incluem o uso da força para atingir seus fins.

Em seus momentos mais bestiais, estes governos podem superar a própria capacidade de causar dano e produzir o mal, como ensinam as páginas mais dolorosas da história de povos e países.    

Alguma dúvida?

FONTE: Brasil 247

terça-feira, 7 de maio de 2019

VICTOR ALLEN BARRON: HEROICO COMUNISTA NORTE-AMERICANO ASSASSINADO PELA POLÍCIA DE FILINTO MÜLLER EM 1936

Por Anita Prestes
  
O jovem comunista norte-americano Victor Allen Barron (16/3/1910 – 5/3/1936) chegou ao Rio de Janeiro em 1935 em missão da Internacional Comunista (IC), atendendo a solicitação da direção do Partido Comunista Brasileiro (PCB), para colaborar com o movimento antifascista então em curso no Brasil, que ganhava força e importância a partir da fundação da Aliança Nacional Libertadora (ANL).


Victor Allen Barron



sexta-feira, 3 de maio de 2019

Baixe livro gratuito, ilustrado por Ziraldo, que ajuda a conhecer quem foi Chico Mendes

Publicação pode ajudar as novas gerações a não passarem pela vergonha de não saber quem foi o seringueiro defensor da Amazônia



Conhecer o meme que tá bombando, saber qual é o próximo hit do Verão, ter escutado o novo álbum daquele(a) cantor(a) pop inteirinho e estar em dia com as séries mais descoladas do momento não representa problema algum. Afinal, entretenimento, lazer e diversão também são dimensões das nossas vidas que precisam de atenção.

Agora, ter contato com alguns conteúdos fundamentais sobre conhecimentos gerais, política e meio ambiente também é algo que a gente não pode deixar pra segundo plano.

Muito mais do que estudar pra fazer um vestibular, estudar pra ir bem na redação do Enem ou para ser aprovado num concurso público e alcançar aquele emprego supostamente estável, o conhecimento também serve pra influenciar as nossas decisões a serem mais críticas, deixar nossos argumentos bem fundamentados, nos tirar da ignorância que faz muitas pessoas acreditarem na versão única sobre determinado fato, confrontar as fake news (notícias falsas) e também para que possamos compartilhar esse conhecimento com outras pessoas sempre que necessário. E antes que eu me esqueça: ajuda a não passar pela vergonha de ocuparmos um dos mais altos cargos – que define as diretrizes políticas de meio ambiente e sustentabilidade – sem conhecer as personalidades mais emblemáticas que defenderam relevantes pautas socioambientais do país: a preservação da floresta Amazônica.

Pensando nisso, o portal Universo Educom disponibiliza pra você, o link para fazer o download completo do livro infantil “A história de Chiquinho”, criado numa parceria entre o Instituto Chico Mendes e o cartunista e escritor Ziraldo. A obra ajuda a compreender, de um jeito sensível e adequado à faixa etária infantil, a síntese da vida e atuação de Chico Mendes.

Recentemente, no dia 11/02/2019 (uma segunda-feira), em entrevista ao programa Roda Viva, da TV Cultura, o ministro do Meio Ambiente, Ricardo Salles, disparou declarações de deixar qualquer ambientalista brasileiro estarrecido. “Eu não conheço Chico Mendes e tenho dificuldade de falar sobre coisas que não conheço” e “O fato é que ele é irrelevante! Que diferença faz quem é o Chico Mendes nesse momento?!” são alguns exemplos de falas grosseiras que, além de terem sido reprovadas pela comunidade científico-ambiental também repercutiu amplamente na imprensa nacional. [...]

Para evitar que a garotada cresça sem conhecer personalidades que tiveram importância histórica para o nosso país e para o mundo, é sempre bom buscarmos meios interessantes de incentivá-las a lerem, assistirem e ouvirem o que essas personalidades fizeram de relevante para a sociedade. [...]

Que tal começar baixando o livro e lendo para o seu filho, hein? Projetar na sala de aula e promover uma leitura coletiva também pode ser uma iniciativa super prática. Os mais animados podem pensar em elaborar cenários, figurinos e adaptação de roteiro para apresentar uma peça de teatro inspirado na publicação. Enfim, a criatividade é que manda!


Leitura dramatizada "K.relato de uma busca"

Por Militantes em cena

A saga de um pai em busca de sua filha desaparecida durante a Ditadura Militar no Brasil.

Dia 07/05, às 11h, no Salão Nobre do IFCS



segunda-feira, 29 de abril de 2019

DOCUMENTO INÉDITO REVELADOR DO DESEMPENHO DO ALUNO LUIZ CARLOS PRESTES NA ESCOLA MILITAR DO REALENGO (RJ)

Por Anita Leocadia Prestes  
via ILCP 


Após a conclusão do curso do Colégio Militar do Rio de Janeiro, Luiz Carlos Prestes, em 1916, aos dezoito anos, ingressou na Escola Militar do Realengo. Logo no início do curso, era necessário seguir a disciplina de Geometria Analítica com o professor José Pio Borges de Castro, considerado o terror dos alunos, pois costumava reprovar em massa e raramente atribuía a alguém grau dez.

Para espanto geral dos seus colegas e de toda a Escola Militar, Luiz Carlos Prestes obteve nota dez na primeira sabatina promovida pelo prof. José P. Borges. O jovem Prestes só recebeu grau nove uma vez, mantendo a avaliação máxima o curso todo.

O desempenho de Prestes durante o curso na Escola Militar sempre foi comentado e admirado por seus contemporâneos e por várias gerações de oficiais que frequentaram essa Escola[1], mas só agora foi possível obter o documento original comprobatório da história que reverberara durante décadas. A caderneta do prof. José Pio Borges de Castro com a relação dos alunos e suas respectivas notas referente ao ano de 1916 foi encontrada pelo filho do professor, que leva seu nome, entre os guardados do pai, falecido há muitos anos. Esse documento até agora inédito (ver reprodução a seguir) me foi cedido pelo Dr. José Pio Borges de Castro Filho, junto ao qual assumi o compromisso de doá-lo à Biblioteca Comunitária da Universidade Federal de São Carlos. Nessa instituição encontra-se o acervo de Luiz Carlos Prestes que estava aos meus cuidados após o falecimento da minha tia Lygia Prestes, responsável pela sua preservação durante muitos anos.



Será mais um documento franqueado ao público para que as novas gerações de brasileiros possam conhecer a vida do Cavaleiro da Esperança – figura legendária que marcou a História do Brasil no século XX.

Rio de Janeiro, abril/2019

[1] Por exemplo, o depoimento do capitão José Rodrigues, contemporâneo de Prestes na Escola Militar, in José Rodrigues, Luiz Carlos Prestes: sua passagem pela Escola Militar (Fortaleza, Typographia Minerva, 1927).


quarta-feira, 17 de abril de 2019

Aula pública da historiadora Anita Prestes na UERJ-CAXIAS

Uma análise dos golpes de Estado de 1964 e de 2016 no Brasil

O Grupo de Estudos de História da Educação Local (EHELO) convida para a abertura do Ciclo de Debates, cuja temática deste ano é Estado, Igreja e Militares na História da Educação Brasileira.

A série de debates terá início dia 26 de abril, sexta-feira, às 9h, no auditorio da FEBF, com a palestra da professora Anita Prestes, que abordará o seguinte tema:´"O conceito de hegemonia em V.I. Lenin e A. Gramsci na análise dos golpes de Estado de 1964 e de 2016 no Brasil".

Faculdade de Educação da Baixada Fluminense
Rua General Manoel Rabelo s/n,
Vila São Luís, Duque de Caxias, RJ




terça-feira, 16 de abril de 2019

Campanha de arrecadação de livros para os assentamentos e acampamentos do MST

Olá, companheiros e companheiras!

A Associação dos Amigos da ENFF vem divulgar a campanha de arrecadação de livros para os assentamentos e acampamentos do MST, com o objetivo de ampliar a formação dos e das camaradas do movimento!

Se encontra em algum dos estados listados no card e tem livros parados em casa? Ajude nessa empreitada levando eles até o Armazém do Campo mais próximo!





Contamos com a sua solidariedade!

Abraços fraternos.